
|
| | | Un Pequeño Entrenamiento (Privada) | |
| | Autor | Mensaje |
|---|
Scart Chunnin








Mensajes: 90 Fecha de nacimiento: 22/05/1995 Fecha de inscripción: 02/02/2012 Edad: 16
Tu Ficha Ninja Armas: Batallas:
   (0/0) Ryous: $ 5550
 | Tema: Un Pequeño Entrenamiento (Privada) Sáb Feb 04, 2012 2:49 pm | |
| -... JODER... Que frío hace.-Dije frotándome las manos mientras un potente escalofrío me recorría la espalda, haciendo que sintiese que la temperatura era aún más baja. Miré a Balto, y este me devolvió su mirada de dos colores con incredulidad, según parecía, el no tenía frío alguno.-Claro... Tu con tu pelaje aguantas como si nada... Que envidia me das...
Un simple ladrido fue la respuesta que recibí del animal, como si se riese de mi por mi poco aguante. Ante aquello solo pude suspirar, lo cierto es que tenía bastante razón, si me quejaba por todo en todo momento no iba a conseguir nada. Así que lo mejor era buscar algo para calentarme, solo diciendo que tenía frío no iba a arreglar nada. Metí las manos en los bolsillos que tenía mi camisa para intentar que conservasen el calor que aún tenían y comencé a caminar por las calles de la aldea. La verdad es que el lugar estaba... Un poco... ¿Desierto? Apenas había gente por las calles, y los mercados estaban casi todos cerrados. No era de extrañar, el frío que hacía entre esas montañas era helador, y era lógico que la gente fuese reacia a salir de sus casa, con sus calientes hogares encendidos y las brasas caldeando la habitación, todos reunidos alrededor del fuego, comiendo un delicioso desayuno caliente y... Solo de pensarlo ahora mismo ya me entra celos... Pero no, yo estaba en la calle, cuando recién había salido el sol y la gente o desayunaba, o se relajaba ante el calor, o directamente dormía. Y yo, fuera, congelándome como un jodido charco en las cumbres del monte... Y a mi lado, Balto, dándome celos con su abrigo de piel natural... Mis ropas eran ligeras para permitirme moverme, pero desde luego no eran las que más calentaban, y eso lo notaba ahí... Sentía que como sacase las manos de los bolsillos, donde empezaban a tomar calor, sería recubiertas de una capa de hielo, y cuando intentase moverlas, se partirían como un cristal ante un mazo... Lancé un suspiro, haciendo que cuando el aire escapase de mi boca se convirtiese en una nube de vaho helado que empezó a ascender al cielo, encapotado por una gigantesca nube blanca, hasta desaparecer diluyéndose con el aire. ¿Que hacía yo ahí afuera? Pues... La verdad es que nada. Había vivido desde hacía mucho tiempo en el desván de la posada de la villa ¿Como que en el desván? No hace falta pensar mucho... Había sido un niño huérfano, sin padres que me diesen un techo bajo el que vivir, y nadie que se preocupase de mi, me colaba allí arriba para dormir.
No podía regresar a mi casa, eso estaba claro, hacer aquello significaría recordar todo lo que me había sucedido en ella, y no quería seguir con los fantasmas de ese horrible lugar acechándome. Con fantasmas no me refiero a los espíritus de mis padres, si no a los recuerdos de los sucesos. Era por eso por lo que había pasado a vivir en la parte más alta de la posada, entre los muebles aparcados y olvidados y contemplando como las ratas iban de un lado a otro. Pero con el tiempo dejé de ser tan niño, y... Bueno, mi cuerpo creció. Cada vez se hacía más complicado entrar sin ser visto, y finalmente me vi obligado a tener que pagar para dormir en sus habitaciones. Aquello tenia tanto ventajas como desventajas... Dormía en un lugar mejor que el desván, pero perdía el poco dinero que conseguía. ¿Necesitáis saber de donde sacaba el dinero? Vamos, un niño sin padres, viviendo en la calle, y necesitado, en estas épocas... Es obvio, robaba... Pero no me juzguéis, no robaba por placer ni por deseo, era por necesidad, y solo tomaba lo justo y lo necesario para continuar adelante... Pequeños hurtos que pasaban por alto. Una manzana por aquí, un par de monedas por allá... No me dedicaba a atracar a la gente, ni a dejarlos completamente "secos" si no que tomaba lo que necesitaba y desaparecía. Nadie se daba cuenta de lo que hacía, y yo conseguía vivir un poco más... Lo que pasaba es que aquel día no tenía suficiente para pagar otra noche mas, ergo, no podía refugiarme entre sus paredes... Lo cual a su vez significaba que me tocaba pasar frío. Y con ese tamaño se hacía más difícil robar que cuando era un niño pequeño. Demonios, era lo malo de ser tan alto para ser tan joven. Por suerte... Cada cosa tiene su lado positivo y negativo, y es que tenía de mi lado mis habilidades... Como todo buen ninja, lo mejor era entrar, actuar, y salir sin ser visto. Y ese era mi estilo. Algunos os asustaréis por usar mis capacidades para eso, pero pensad... Era eso o morir. Y no, gracias, no tenía gana alguna de morir de hambre o de frío, que la verdad, era lo más probable en esos momentos.
Pero retomando el tema, caminaba por las calles, mirando las casas con celos y prometiéndome a mi mismo que algún día conseguiría una de ellas... ¿Como? Ya lo vería, ya fuese por misiones que me encargasen, o por cualquier otra razón, eso no lo sabía, pero sí tenía claro que en algún momento me haría con una. Eso sin duda. ¿Y a donde iba? Pues... Tampoco. Tampoco tenía idea... Simplemente andaba, me movía, como me quedase quieto si iba a notar el frío. Así que simplemente me dedicaba a vagar de un lado a otro buscando algún sitio donde estar caliente... Bastante tiempo después, llegué a unas instalaciones, un edificio en la zona de entrenamiento. Me acerqué a sus puertas, y las abrí... Parecía que recién abría, y por ello no había mucha gente, en realidad, no había mas que una persona, que se encontraba sentada delante de un tablero de Shōgi al lado de una chimenea encendida que parecía llamarme a gritos con el crepitar de sus llamas, suplicándome que me acercase para calentarme ante ella. Al final sucumbí a la tentación y me acerqué a él, sentándome en la silla que tenía en frente y calentándome con las llamas... Solté un suspiro de alivio cuando saqué las manos de mi camisa y noté como se iban descongelando. El Balto, que parecía haber estado haciéndose el duro ante el frío se acercó a las llamas y se acurrucó ante ellas para calentarlas... El pobre también se estaba helando. Me sentí un poco incómodo al estar tan cerca de un desconocido, pero si la vergüenza me ganaba me iba a convertir en un jodido carámbano. Y eso era preferible. Por suerte, el otro pareció también algo incómodo y decidió empezar una conversación para hablar de algo y romper el hielo... Irónicamente.
-Hola soy Niam. ¿Como te llamas?-Me dijo el otro, haciendo que mi vista se desviase hacia él, era un niño, y parecía tener la misma edad que yo, pero tal vez un poco menos. Sonreí de medio lado con algo de timidez antes de responderle, pero finalmente contesté.
-Hola Niam, me llamo Scart. Hace frío ¿Eh?-Respondí tras un instante de duda al decir mi nombre. Si, vale, no era el mejor comienzo, pero no era mi fuerte... Nunca fui alguien que hiciese amistades fácilmente...
-La verdad es que si... Se está bien aquí, al lado del fuego con el tablero... Oye ¿Sabes jugar? ¿Te apetece una partida?-Me propuso con amabilidad... Lo cierto es que si sabía, me habían enseñado unos compañeros de clase en la escuela ninja un día que no teníamos absolutamente nada que hacer. Aunque hacía bastante que no practicaba.
Pero finalmente acepté la propuesta, y me giré completamente, colocándome ante el tablero y empezando a colocar las fichas... Me había metido en una partida con no precisamente un principiante en ese juego, y no lo descubrí hasta que fue demasiado tarde... Empezamos a mover aquellas piezas de madera con inscripciones por el tablero cuadriculado. Al principio movía casi aleatoriamente, denotando que estaba un tanto oxidado en ese juego, pero tras unos pocos movimientos bien calculados de mi rival, me percaté de que él había empezado en serio, y empecé a pensar bien mis movimientos. Solamente que con aquellos fallos iniciales, ya había reducido mi posibilidad de ganar. Tragué saliva mirando bien las fichas, pensando en que movimientos podría realizar, pero tras apenas unos minutos de juego acabé derrotado de forma aplastante por el muchacho. Quedé impresionado, y él sonrió abiertamente, denotando su alegría y orgullo... Aquello me desveló ya que estaba bastante entrenado en aquel juego de estrategia, pero sin dejar que mi orgullo, algo herido, se desplomase, le reté a otra, empezando ya desde el principio a calcular bien mis movimientos. Pero mientras que yo pasaba varios segundos calculando e imaginando situaciones, mi rival parecía mover las piezas instantáneamente, y sin casi pensar...
-Vaya... Eres... Eres muy bueno...-Le dije tras sorprenderme con una inesperada jugada.
-Oh, no es para tanto, tu también lo eres...-Me respondió con humildad.
-Mm... Pues no lo parece...-Contesté con un suspiro al final de la frase.
Pero tras un rato de juego, mis avances empezaron a verse. Empezaba a pensar menos mis jugadas, haciéndolas más rápidas, mientras que mi rival dudaba un momento antes de mover sus fichas, denotando que empezaba a ponerle las cosas difíciles. Eso era una luz de esperanza y un soplo de ánimo a mi espíritu, que solo me daba más ganas para ganar. Pero no era fácil, ni mucho menos. Era terriblemente bueno, y algunas de mis mejores jugadas quedaban deshechas en solo un movimiento, obligándome a rectificar y rehacer el plan para tener una oportunidad de ganar. Que empezase a mejorar no quería decir que hubiese, de un momento a otro, ganado con total facilidad. Nada mas lejos de la realidad. Al ver como empezaba a complicarse el juego, comenzó a sacar extrañas jugadas, interesantes estrategias, que decidí copiar. Es una regla para aprender al fin y al cabo, jugar con otros incrementa tu ingenio, decides copiar sus jugadas para usarlas posteriormente en tu beneficio. Y fue así como poco a poco fui comiéndole el terreno, sorprendiéndole con sus propios trucos hasta que se dio cuenta de ello, y comenzaba a intentar evitar que le ganase. Creo que aquella fue la partida más larga que jugué, y la verdad sea dicha, también la más divertida. Cada vez que veíamos que nuestras jugadas entraban sonreíamos, hacíamos pequeños comentarios sin importancia. Ese chico acabó callándome bastante bien. Parecía una buena persona, y aunque fuese bueno, no tenía un ego mas grande que él mismo, si no que actuaba con humildad. Finalmente, una jugada sorpresa de mi mano, terminó la partida, haciéndole perder, y dejandole con un rostro de sorpresa e incredulidad, y a mi con una sonrisa y una mirada triunfal.
-... Increíble, no esperé que me ganases con la misma jugada que te gané antes... Ingenioso... Eres muy bueno ¿Sabes?-Me respondió separando las manos del tablero y sonriéndome amablemente.
-Gracias, pero vamos, no es para tanto. Solo he tenido un poco de suerte.
-Llevo jugando a este juego varios años, y créeme, hace falta algo más que "Un poco de suerte" para ganarme. Hace falta ser inteligente.
-¿Años? ... Oh... Vaya... No... No me lo esperaba... Bueno, la verdad es que ha sido divertido.
-En eso si coincido contigo, es de las partidas más entretenidas que he tenido, y te tomas bastante bien tu resultado... Otros, o se enfadan por perder o fanfarronean por su victoria. Por eso normalmente no juega nadie conmigo.
-Oh... Bueno, olvídales... Mira ¿Sabes que? Que si alguna vez quieres jugar de nuevo, pídemelo. No me molesta, en serio. Si otros no quieren allá ellos, se lo pierden.
-Gracias... Me has animado. Bueno, se me ha hecho un poco tarde, debo irme, en serio, muchas gracias... ¡Adiós!
-¡Adiós!-Dije sonriendole y despidiéndole mientras salía por la puerta. Después dirigí mi mirada a Balto, el cual, nada mas sentirme, alzó su cabeza y sus orejas y me devolvió la mirada de nuevo.-Parece bueno ¿No crees? Me pregunto por que no hay mucha gente así en el mundo, parece una suerte haberme encontrado con uno...
El animal se limitó a contestarme con un ladrido, como si afirmase, y yo simplemente me levanté de la silla y volví a meter las manos en mis bolsillos, había pasado más de una hora allí, y ya estaba bastante recuperado del frío, además, el sol ya había salido y brillaba, aunque débilmente, entre las nubes que cubrían el cielo. Por lo tanto supuse que no debía hacer tanto frío, además, tenía ganas de entrenar un poco el físico, porque el cerebro ya lo tenía algo entrenado. Después de jugar, creo que ya había tenido suficiente para un tiempo. ¿Pero que hacer? ¿Y donde? Eran las cuestiones que más me atormentaban... Abrí la bolsa en la que guardaba todo lo que tenía. Shurikens, un par de kunais (Pues otros los tenía en los bolsillos de mi camisa y bajo esta para así, si perdía la bolsa, no quedar sin nada) carretes de hilo (Al igual que los kunais, guardaba algunos en mis ropas, específicamente en mis mangas) un par de bombas de humo y sellos explosivos. No era un super arsenal, pero no estaba mal para una misión espontánea... Tal vez me encargasen alguna pronto... Y esperaba que fuese interesante. Miré mi mano derecha, en ella estaba el protector de mi mano, con tres hendiduras en ellas, no se veían a simple vista, lo que me permitía ocultar las armas que había en ellas, tres peligrosas garras de metal listas para salir. Todo correcto, no había perdido nada... Entonces ¿Que hacer? Pensé que podría venirme bien practicar algo de fuerza. Si, era de los que pensaban que atacar primero daba una ventaja, pero nunca estaba de más dar, además de golpes rápidos, con fuerza. Y de todas formas, nada me impedía ponerme más tarde a intentar superar mis límites. Solo era por establecerme un orden. Estaba claro algo, ese día iba a ser para entrenar... |
|  | | Scart Chunnin








Mensajes: 90 Fecha de nacimiento: 22/05/1995 Fecha de inscripción: 02/02/2012 Edad: 16
Tu Ficha Ninja Armas: Batallas:
   (0/0) Ryous: $ 5550
 | Tema: Re: Un Pequeño Entrenamiento (Privada) Miér Feb 08, 2012 6:33 pm | |
| Salí de aquel edificio finalmente y me fijé mejor en él. Era bastante grande y de varias plantas. Pero solo había estado en la primera sala, que si bien era bastante grande, aún quedaba gran parte de la construcción que no había visto. Pero no importaba demasiado. Ya me pararía a observarlo en más profundidad en otro momento. El efecto del frío no se hizo esperar, y en cuanto mi cuerpo atravesó las puertas de la edificación enorme de madera, una ráfaga de gélido aire azotó sin piedad el lugar, provocándome un escalofrío que recorrió toda mi columna. Ante lo cual simplemente comencé a titiritar. La sensación térmica era horrible tras salir del cálido lugar. Tomé aire y metí mis manos de nuevo en los bolsillos de mi camisa, empezando sin esperar un momento más a caminar hacia el interior de la zona de entrenamiento. Me dirigía a un claro en el interior de la maraña de árboles que conformaba un pequeño bosque. Allí, desde hacía varios días, me había dedicado a fortalecer mi cuerpo, y era el momento de volver a usarlo. No es que hubiese unas instalaciones de gran tecnología escondida entre los troncos. Nada más lejos de la verdad. Únicamente un grueso tronco de árbol colocado en medio del lugar, un simple madero circular que había perdido su corteza con el paso del tiempo y los golpes que recibía. Eso era lo único que había allí, y no escondido, si no colocado en medio del lugar a la vista de todo. No necesitaba tecnología especial. Con eso tenía más que suficiente. Mis pasos fueron encaminándose poco a poco a ese lugar. Sin prisas, pero sin pausas, como se suele decir. No era el tipo de personas que va con prisas a todos lados. Me encantaba disfrutar más de la vida tomándomelo con calma. No le encontraba el sentido a ir estresado por no llegar a tiempo con las cosas. Si daba tiempo, bien, si no, también. No había que martirizarse por no haber llegado a tiempo de hacer aún recado o cosas así. Al gin y al cabo, si te atormentaba el hecho de no haber podido hacerlo era porque podías haberlo hecho y no lo hiciste. Pero si no podías haberlo conseguido de ninguna forma no era tu culpa. Y por tanto carecía de sentido sentirse mal por ello. Era inevitable.
Esa era mi filosofía. Y era por eso que me tomaba las cosas con tanta calma. Anticipándome para poder hacerlo todo. Siempre estaba preparado antes, para así no tener que correr luego. Por ejemplo en una misión. Si se me pedía hacer algo antes de tres días. Lo acabaría el día anterior a que el plazo se cerrase. Para así el último día no verme abrumado y evitar contratiempos. Pero volviendo al tema. Tras un buen rato, finalmente logré llegar a aquel pequeño claro de no más de siete metros de diámetro, en cuyo centro descansaba aquel solitario tronco pelado. De unos dos metros de alto y una anchura que fácilmente podría alcanzar un metro de diámetro. Su núcleo de un marrón blanquecino se encontraba descubierto y luciendo en su cuerpo unas marcas que tenían una cierta forma de puños. Pareciendo a sí un bravo guerrero que lucía con orgullo sus heridas de guerra a quien lo mirase sin pudor alguno. Avancé unos pasos hacia él, quedándome de pie ante su imponente figura. Mirándolo fijamente como su con la mirada le retase, desafiándole una vez más como tantas antes. Tomé una posición estable, haciendo retroceder mi pie derecho y avanzando un poco el izquierdo. Ante mí coloqué mis puños, protegidos con el protector, que sin esperar un momento me retiré, dejándolos en el suelo con un sonido sordo al lado de Balto, que permaneció sentado esperando que acabase. Luego tocaría entrenar junto a él. Debíamos reforzar nuestras técnicas conjuntas. Pero por ahora a él le tocaba descansar mientras yo me esforzaba. Tomé aire, hinchando mi pecho y llenando mis pulmones de un aire que, cuando pasó por mi nariz, me produjo un cosquilleo en esta debido a su baja temperatura. Sinceramente, prefería un ambiente más cálido, pero era lo que había, y no podía cambiarlo.
-Respira... Calma... Relaja... Concentra... Prepara... Y golpea...- Me dije a mi mismo para prepararme, haciendo que a cada palabra una nube de gélido vapor emergiese de mi boca.
Cerré mi puño con fuerza y propiné un potente puñetazo a la madera, haciendo que se agitase y desperdigase a mi alrededor pequeñas gotas de agua helada, posiblemente se tratase de la escarcha de la mañana. Sentí el golpe y el rebote de la madera sobre mi puño, así como el crujido emitido tanto por la madera al resentirse como por los huesos de mis nudillos. Solté un quejido mientras mi rostro adquiría un matiz de dolor, o más bien molestia. Normalmente no pasaría eso, pero el frío tensaba los músculos, y dejaba más expuestos mis huesos, de forma que los golpes dolían más debido a la perdida de la flexibilidad de la musculatura. Pero no era algo para preocuparme demasiado. Cuando hubiese calentado mi cuerpo se recuperaría y todo pasaría. Otro puñetazo cayó sobre la superficie de madera, luego otro, y otro. Cada vez ganando más velocidad, hasta que acabé descargando una potente lluvia de golpes, cada vez más fuertes y que por la cantidad amenazaba con derribar y echar abajo aquel indefenso tronco. El contacto con la fría superficie duraba apenas una fracción de segundo. Pues nada más colisionar el brazo que golpeaba retrocedía mientras el otro lanzaba su golpe y viceversa. Descargando uno tras otro. La velocidad de los impacto era bastante alta, aunque no tanto como otros clanes más basados en esta forma de combate podían llegar a conseguir. Conté los primeros golpes, pero llegó un punto en el que perdí la cuenta y me fue imposible retomarla. Los impactos continuos hacían que la madera vibrase con cada impacto, cada vez más fuerte debido a que no le daba tiempo para que se asentase, y cada vez se veía más cerca su caída. Aunque a mis manos también les pasaba factura, no me dejaba llevar por el dolor, pues se trataba de demostrar la fuerza que era capaz de infligir en cada puñetazo.
Pero pasados unos minutos relajé mi posición, volviendo a ponerme en pie con las piernas juntas. Miré mis manos... Los nudillos habían quedado de un tono rojo bastante vivo, podía notar un toque de ardor en estos, además del calor que desprendían y la sangre circulando por estos, efecto típico cuando desgastas una parte del cuerpo. Mi frente estaba un tanto húmeda, pues a pesar de haber realizado un esfuerzo físico el frío impedía en gran medida la sudoración. Mi corazón estaba acelerado y sentía como si mi cuerpo desprendiese un aura de calor por todos lados. Estaba bien preparado para subir un poco más el nivel de dificultad. Volví a tomar la posición de batalla, sintiendo el crujir de mis piernas, algo agarrotadas por el tiempo que habían estado quietas, pero era el momento de darles un poco de trabajo. Tomaba aire y lo expulsaba con fuerza debido a la fatiga que comenzaba a atenazar mi pecho. Y repentinamente una patada golpeó el tronco en el mismo lugar donde mis puños habían colisionado. Aquel impacto provocó un potente sonido, un contundente ruido que indicaba que la fuerza con la que había golpeado el madero no era precisamente poca. Mi pierna volvió a descender al suelo, pero apenas se asentó, volvió a ser propulsada contra el objetivo haciendo que retumbase nuevamente. Las técnicas de pierna eran bastante más lentas que las de puño por lo general, pero su ventaja era que poseían una fuerza mayor que la que se tenía en los puños. Era normal, las piernas cargaban continuamente con el peso del cuerpo, fortaleciéndolas con rapidez. Y las mías no eran una excepción. Con el paso del tiempo, las carreras, y los entrenamientos, habían adquirido una fuerza considerable. Por lo que no era extraño escuchar el crujir de la madera al resentirse tras los demoledores golpes de mis piernas.
-Dos...-Musité al bajar la pierna para nuevamente golpear.-... Tres...
Cuatro... Cinco... Seis... ... Diez... ... Veinte... Así hasta cuarenta golpes. Y con el último, la pierna que hizo de punto de apoyo fue recorrida por un doloroso calambre. No pudo mantener todo el peso de mi cuerpo cuando al depositar la pierna que acababa de golpear falló, como si hubiese perdido la sensibilidad en esa extremidad. Lo que provocó que finalmente acabase en el suelo exhausto y jadeante. Pero sin desistir de mi entrenamiento, me levanté sacando todas las fuerzas que tenía. Tras lograrlo apoyé mi espalda contra el tronco, pues parecía que si me intentaba mantener por mi mismo volvería a caer irremediablemente en el frío suelo de roca y tierra. Mis mejillas estaban rosadas por el frío y el ejercicio. Mis manos entumecidas, y mi nariz era recorrida por un hormigueo de frío bastante molesto cada vez que inhalaba con fuerza aire para oxigenar mi sangre. Separé finalmente mi espalda de la madera, sintiendo como mis pies volvían a tener vida, algo que casi parecía que hubiesen perdido. Me di la vuelta tomando de nuevo mi posición más estable. Mis piernas se colocaron de forma que sujetaban todo el cuerpo con firmeza, y mis manos se relajaron, pero esta vez para dar un solo golpe. Las manos abiertas, mostrándome los dedos, y a mi objetivo las palmas. Cerré los ojos, tomé aire, y sentí todo a mi alrededor... Podía oír mi respiración, los latidos de mi acelerado corazón. Podía oír los de balto... Y casi parecía poder sentir la vida de todo, el flujo constante de chacra que poseían todos los cuerpos a mi alrededor... Y abrí los ojos, estirando mis brazos hacia el tronco, y dándole un potente golpe con las palmas a la vez que de mi garganta salía el aire, para escapar de mis fauces como un grito para liberar la tensión. Toda la tensión, toda la fuerza, en un solo golpe. El impacto resonó por toda la superficie, y el madero se tambaleó tras la colisión, cayendo finalmente al suelo con un estruendo. Algo que, sin oponerme, yo mismo secundé, dejándome caer al suelo. Donde entre jadeos de cansancio me iba recuperando lentamente del esfuerzo físico realizado. A mi lado vino Balto, mi compañero, que tras sentarse al lado de mi cabeza ladró a modo de felicitación y al momento me lamió el rostro haciéndome reír a pesar de mi agotamiento. Le tomé en mis manos y lo coloqué sobre mi pecho que, sin pausa, subía y bajaba rápidamente para acompañar los latidos de mi corazón. Miré con una sonrisa al cachorro y acaricié el suave pelaje de su cabeza con cariño mientras contemplaba aquellos bellos ojos azules y marrones tan peculiares que, con alegría, me devolvían aquella mirada.
-Balto... Ah... Estoy muerto...-Dije una vez recuperado, a lo cual me respondió con un ladrido.-Si, si... Estar tan cansado facilita que practique resistencia. Pero deja que tome aire... ¿Vale? Ah ¿Y tu estás preparado?
Un ladrido alegre del animal me confirmó que así era... Suspiré, tenía mucha vitalidad. Me incorporé, haciendo que el canino saltase de mi pecho al suelo y quedase allí parado moviendo su cola con impaciencia mientras me levantaba. Ahí era donde él me iba a ayudar a mi. Íbamos a comprobar si tenía suficiente resistencia para aguantar una carrera contra el pequeño. No creáis que yo tenía ventaja ni mucho menos, no era buena idea subestimar al cachorro, el cual estaba en una forma impresionante a pesar de ser tan pequeño. Una vez que nos preparamos (O más bien me preparé) marqué una linea en el suelo, y ambos nos posicionamos tras ella. El recorrido era el de siempre. Ir a los límites de la zona y volver al claro. Simple, pero no precisamente fácil. El cachorro hasta el momento siempre me había ganado. Me fatigaba demasiado pronto y el pequeño acababa sacándome demasiada ventaja, a lo que no me podía recuperar, y finalmente me ganaba de forma impresionante. Pero rendirme no era una opción. Y la cuestión era entrenar, no la victoria de la carrera en si. Aunque he de admitir que aun así intentaba ganar. Todo el mundo necesita una motivación. ¿De que serviría si no? Ambos nos preparamos una vez más para aquella competición amistosa, concentrándonos y posando nuestra mirada fijamente al frente, donde se alzaban los árboles dejando huecos entre ellos. Como si fuese un grupo de personas que les abrían paso como si fuesen gente importante. De mi boca salió una única palabra. Pero clara y firme. "¡Ya!" Tanto Balto como yo empezamos a correr como siempre. El impulso inicial me hizo avanzar varios metros en primer lugar. Y con aquella potencia y velocidad entré en el bosque en primera posición. Paro a mi espalda podía escuchar el sonido de las garras del sonido al chocar contra el duro y algo seco suelo que caracterizaba aquella parte de la Zona de Entrenamientos de Iwagakure. Poco a poco aquel ruido constante iba acercándose a mi posición, hasta que finalmente se colocó a mi lado.
Desvié un segundo mi mirada hacia el animal, que con la mirada puesta al frente y las orejas echadas hacia atrás corría a toda velocidad con una increíble coordinación de patas ayudado de su cola, que parecía cumplir una misión similar al timón de un barco. Sonreí de medio lado, mirando de nuevo hacia delante y dando un salto en el aire para no colisionar contra un árbol que se encontraba ante mi. Pero en vez de evitarlo completamente apoyé mis pues en su corteza y me impulsé para avanzar más velozmente por el aire. Mis manos se aferraron a una rama baja y usando todo mi cuerpo sin detenerme un instante me impulsé hacia delante, consiguiendo sacarle de nuevo unos metros de ventaja a mis compañeros. Pero este me enseñó que él también sabía hacer cosas así. Incluso me mostró que podía superarlas. De reojo conseguí ver como imitaba mi movimiento, pero en vez de impulsarse con una rama saltó contra el tronco de otro árbol, usando sus cuatro patas como un resorte para saltar de uno a otro simultáneamente ganando posiciones a gran velocidad y apareciendo ante mi como una mancha blanca y gris que quedó a apenas unos metros delante de mi. Volví a sonreír al pequeño por su habilidad y aumenté la velocidad usando la energía que tenía, para ponerme de nuevo a su altura y quedar igualados. Sentía el corazón latiendo con fuerza en mi pecho, y mi respiración estaba acelerada, entrando con velocidad el aire helado por mi nariz y echándolo por la boca. Ya había olvidado casi por completo el frío con esa carrera, por lo que lo único que me preocupaba era conseguir ganar esa carrera usando toda mi energía. Debía fortalecerme.
Logré quedar a su altura, pero a costa de comenzar a notar molestos pinchazos en las piernas debido al esfuerzo que realizaba. Pero era el entrenamiento, precisamente consistía en aguantar aquello. La carrera se ponía interesante, nos acercábamos a la mitad del recorrido y debíamos ir en Zig-Zag evitando y regateando continuamente árboles para no chocar contra ellos y finalizar aquel entrenamiento con un brutal impacto a toda velocidad con un inoportuno árbol que se puso en medio. A la vez, también prestábamos atención al suelo y las raíces que como pies salían de este, amenazando con hacernos tropezar y caer de forma bastante patética. Obstáculos que yo evitaba velozmente con una zancada o en los peores casos con un salto, mientras que Balto los pasaba por encima con gracilidad y facilidad con un simple salto perfectamente coordinado. Era tremendamente hábil a la par que resistente, y me encontraba orgulloso de que fuese mi compañero. Finalmente los árboles se apartaron ente nosotros, dejándonos ver una zona despejada y sin vegetación que se encontraba entre el bosque y una pequeña muralla que separaba la zona de entrenamientos del resto de la ciudad. Al llegar allí rápidamente giramos sobre nosotros mismos para darnos la vuelta y continuar la carrera. Habíamos llegado al ecuador de aquella pequeña competición, y el resultado estaba bastante igualado en ese momento. Con la diferencia de que Balto estaba fresco como una rosa y yo estaba sufriendo ya los estragos del cansancio. Irremediablemente el dolor de mis piernas me obligó a reducir la velocidad, mientras mis pulmones libraban su propia batalla por tomar aire, y mi corazón por bombear mi sangre por el cuerpo. Pero cuando di que el animal me sacaba ventaja y mi marcha aminorada, saqué fuerzas de donde no las había y volví a acelerar haciendo un esfuerzo extra por mantener mi velocidad, pues sabía perfectamente que si dejaba que el cansancio hiciese mella en mí y me aminorase, tan solo unos pocos metros, toda mi energía se disiparía como el aire de un globo al escapar por un pequeño agujero. Y aquello implicaría perder la carrera.
Y aunque eso se viese ya inevitable, no podía perder la esperanza. El claro se abrió ante mis ojos, y nos acercamos a toda velocidad a la marca trazada... Hasta que llegamos... Y por apenas un metro la victoria fue... De Balto, una vez más. Mientras yo, ya sin fuerza alguna en mi cuerpo, me dejé caer al suelo peleando esta vez por respirar y no por ganar, el canino empezó a saltar alegremente por otra victoria a su nombre, para después acercarse a mi para animarme y hacerme compañía mientras me dedicaba a buscar las fuerzas para levantarme. Habían pasado ya horas desde que nos habíamos marchado, y por ahora el entrenamiento había acabado. Solo quedaba descansar y aprovechar el día, aun quedaba mucho que hacer, y tiempo en lo que invertirlo. Un día bastante productivo fue aquel. Y tras varios minutos, en los que logré que tanto mi ritmo cardíaco como el respiratorio volviesen a la normalidad, me levanté, mirando con alegría a mi compañero. Me había ayudado una vez más, como tantas otras. Y le estaba muy agradecido. Si seguíamos así en poco tiempo acabaríamos convertidos en Shinobis muy poderosos. Esfuerzo, esperanza, determinación, decisión, entrega. Eran un par de cosas que necesitábamos para llegar alto. Y lo teníamos, o al menos intentábamos tenerlo. Finalmente me levanté. El ambiente frío parecía haberse disipado en gran medida, y ahora hacía una temperatura algo cálida, o al menos, más cómoda que antes. Juntos regresamos, esta vez andando, a la ciudad. Alegres y sintiéndonos bien con el entrenamiento, bastante completo, la verdad. Pero sobretodo, notando que no había sido para nada. Nos sentíamos mejor, y más fuertes.
-Bueno Balto... Volvamos al pueblo, hay que conseguir algo de dinero para pasar la noche ¡No pienso dormir fuera otra vez! Que si no, a este paso, voy a quedarme con las orejas como cubitos. Y tu también, no te hagas el fuerte, que se que pasas frío... ¿O prefieres que yo duerma en caliente y tu fuera? Mm... Tienes razón, no podría hacer eso jeje... Anda vamos... ¡Una cama caliente nos espera! Mm... Aunque ahora que me doy cuenta...-Empecé a hablar con mi compañero.-Está atardeciendo... Salimos al amanecer... ¡Y aún no comimos nada! ... Tengo hambre... Si, tienes razón. La prioridad ahora es encontrar algo con lo que aplacar al estómago. Con estos rugidos creo que va a acabar llamando a alguna bestia indeseada... Uff... No se como pude aguantar todo esto sin comer...
Y lo cierto, es que ni yo mismo lo se ahora... Creo que debí concentrarme mucho en aquel entrenamiento… Muchísimo… |
|  | | Hattori Hanzo Hokage









Mensajes: 670 Fecha de inscripción: 22/12/2011
Tu Ficha Ninja Armas: Batallas:
   (4/4) Ryous: 0
 | Tema: Re: Un Pequeño Entrenamiento (Privada) Miér Feb 08, 2012 6:51 pm | |
| Entrenamiento aceptado sumate los status |
|  | | | | Un Pequeño Entrenamiento (Privada) | |
|
Temas similares |  |
|
| | Permiso de este foro: | No puedes responder a temas en este foro.
| |
| |
| |
|